"Primer": Paseo por la cuarta dimensión
Viajemos al pasado: es el jueves 10 de marzo del año 2005. Deben de ser las cuatro y media de la tarde, aunque no lo tengo nada claro porque no me he traído reloj. A las cinco tengo que estar en la Casa de América (o el Palacio de Linares, que de pequeño me tenía acojonado) para una entrevista con Shane Carruth, el director/guionista/productor/protagonista de la película Primer (que no se estrenaría hasta el 10 de junio, o sea, mañana). La cuestión es que, hace unas cinco horas más o menos, me encontraba sentado EXACTAMENTE en el mismo vagón de metro y dirigiéndome a EXACTAMENTE el mismo sitio para ver la película en pase de prensa. "Primer" va de viajes en el tiempo y déjà vus hiperrealistas, y yo estaba teniendo uno bastante intenso.
La ópera prima de Carruth no es, definitivamente, una película de ciencia-ficción al uso. Para empezar, es una de las pocas obras de ficción con las que un servidor se ha encontrado que lleva el tema del viaje en el tiempo hasta sus últimas consecuencias: no estamos en el terreno de otras obras maestras como "Regreso al futuro" y "Donnie Darko" (que exploraban la cuarta dimensión desde el escapismo bigger than life y el lirismo suburbial, respectivamente), sino en un entorno realista y sucio en el que uno tiene la sensación de que no puede ocurrir nada extraordinario. Pero ocurre, vaya que si ocurre. De todos modos, lo más interesante de "Primer" es que no utiliza la ciencia-ficción como fin en sí mismo, sino como un medio para contar la historia de una amistad aniquilada por la introducción de una fuerza extraña e inexplicable. En ese sentido, este film seco y desaliñado puede ser también la buddy movie más extraña y cerebral jamás rodada: los protagonistas no solo acaban por desconfiar el uno del el otro, sino que llega un momento en el que tampoco pueden fiarse de sí mismos, más que nada porque no saben qué versión de sí mismos son en ese momento. Parece complicado, ¿eh? Pues esperad a verlo en pantalla: en el film no hay un solo efecto especial, ni una sola explicación a lo que estamos viendo, ni un solo daiálogo en el que alguien diga viaje en el tiempo o algo parecido. "Primer" es el equivalente SF al porno ultraduro.
Alguien que ha sacado adelante él solito una película tan rematadamente compleja a nivel conceptual es una alguien capaz de intimidar a su entrevistador. Al menos, eso pensaba yo mientras subía las escaleras de la Casa de América para encontrarme con Carruth (que a mí, por cierto, me recuerda mucho a Spike Jonze). Lo cierto es que estaba muy equivocado: el creador de este enigma fílmico resultó ser un tipo de lo más dicharachero y expresivo, además de un gran imitador de voces. En la entrevista explicó cómo se puede hacer ciencia-ficción con cero dólares y un puñado de actores no profesionales, de qué manera se pueden conseguir sonidos extraños armado simplemente con un magnetófono, qué se siente al ser comparado con el Kubrick de "2001: Una odisea del espacio", de qué va exactamente eso de Sundance (donde "Primer" fue Premio del Jurado) y cuál podría ser su próximo proyecto (tres palabras: ciencia-ficción, niños y religión). Podéis leer la entrevista en el número de este mes de la revista AB, donde además vienen otros artículos mucho más interesantes.
De vuelta a casa, no podía dejar de pensar en el comentario que le había escuchado a dos críticos sesudos a la salida del pase de prensa: ¿El tiempo es cíclico o lineal? ¿Por qué no podían admitir estos dos que no habían pillado la película, como el resto de los que salíamos de la sala? Y es que "Primer" no es una película que se pille a la primera: necesita mucha reflexión y, posiblemente, un segundo visionado. Y eso es lo que estaba intentando hacer yo esa noche, reflexionar sobre la peli y transcribir el artículo lo antes posible (mi grabadora se oye fatal). Como estaba demasiado cansado para hacer ambas cosas, me puse a actualizar este blog. El post que escribí se llamaba Recreando la vista, y me ha entrado un escalofrío al abrirlo este mediodía: la foto que lo acompañaba era nada menos que de... Lindsay Lohan.
A ver si va a ser verdad que el tiempo es cíclico...