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Los archivos de EL EMPERADOR DE LOS HELADOS

Indy y Jónatan Sark

Indy y Jónatan Sark

“Seguidme, conozco el camino”. No sé ni la de veces que lo he dicho. “Se perdió en su propio museo.” No sé ni la de veces que lo han dicho de mí. Indy es el héroe de acción definitivo, ese que une el Pulp con la Alta Cultura, el que es capaz de unir la religión con los acertijos de búsqueda y, además, el tipo que tocó techo en una de las mayores aventuras gráficas de la historia. “Vendo chaquetas de cuero como esta.” Esos diálogos: “Tiene los ojos de su padre” “Y la nariz de mi madre, el resto es todo suyo”; “¿Cómo sabías que era Nazi” “Habla en sueños”, “No eres le hombre que conocí hace años” “No son los años, nena, es el kilometraje”.Y, desde luego, la discusión que resume toda la tercera película: “¡Junior!” “¡No me llames Junior! Mi nombre es Indiana” “Indiana era el nombre de nuestro perro.” “Ja, ¿te llamas como un perro?” Además, sus conocidos como Marion, Tapón o Mola Ram –por favor, ¿cómo puede ser malo realmente alguien llamado Mola Ram- y, desde luego, banquetes como el de la nunca suficientemente reivindicada segunda película. (¡Snake Surprise! –siempre Serpientes- ¡Chilled Money Brains!) que llevan a la famosa frase apócrifa “¿Qué puede fallar en una sopa?” [Pensad en lo reivindicable que es esta película teniendo en cuenta que al final la chica se la queda… el director] Y así es como se hacen en realidad los sueños, con recuerdos distorsionados y apropiaciones. Y aún quiero decir un par de cosas más: “Sólo el penitente pasará”. Vaya, lamento haber terminado en el desparrame, debe ser la influencia del magnetismo sobre la lógica, aunque ahora sí puedo terminar el texto, a la austriaca, porque “Prefiero cómo se despiden los Austriacos”.

- Jónatan Sark

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