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Los archivos de EL EMPERADOR DE LOS HELADOS

De dudoso y cuestionable recuerdo

De dudoso y cuestionable recuerdo

"Para Sherlock Holmes, ella es siempre La mujer". Así comenzaba "Un escándalo en Bohemia" (1891), la primera historia corta sobre el detective que Arthur Conan Doyle publicó en "The Strand Magazine" (y, según los especialistas en Holmes, una de las más perfectas). La mujer es, naturalmente, Irene Adler, posiblemente el personaje femenino más logrado de todo el Canon: soprano norteamericana que debutó como contralto en La Scala de Milán, la señorita Adler se encontaba en Londres, ya retirada del mundo del espectáculo, cuando decidió convertirse en la única mujer capaz de engañar a Sherlock Holmes (los detalles, al final del relato). Con "la cara de la más bella de las mujeres y el cerebro del más perspicaz de los hombres", es normal que el detective la admirase durante el resto de su vida, llegando a guardar su foto como una de sus posesiones más preciadas. Pese a que Watson es decididamente ambiguo a la hora de especificar si no hubo algo más que admiración, Irene Adler siempre ha sido considerada como la única mujer por la que un hombre como Holmes llegó a sentir algo remotamente parecido a amor: quizá eso explique su destacada importancia dentro del Canon, algo curioso si tenemos en cuenta que solamente apareció... una vez.

Para los estudiosos, el Canon de Holmes puede ser un lugar fascinante en el que perderse, pero también hay una tendencia bastante pronunciada a hilar muy fino: simples erratas de Conan Doyle (como, por ejemplo, que la mujer de Watson se refiera a su marido como James en lugar de como John) pueden dar lugar a las teorías más desquiciadas o, en muchos casos, a elaborados fan-fictions que expanden hasta el infinito ideas que sólo estaban brevemente apuntadas en el original. Precisamente ese ha sido el terreno donde muchos lectores han podido amplificar la fascinanción que les provoca el personaje de Irene Adler, normalmente a través de relatos que jugaban con la posibilidad de que ella y Holmes acabaran teniendo esa relación romántica que Watson negó en su versión. Quizá la autora que más ha hecho por mantener vivo al personaje haya sido Carole Nelson Douglas, que con "Good Night, Mr. Holmes" (1990) comenzó un ciclo de novelas y relatos cortos en los que la señorita Adler ha tenido ocasión de conocer a Oscar Wilde o Bram Stoker, entre otros personajes históricos. No obstante, los pastiches más divertidos son siempre los que la colocan en el centro de un festival de referencias de corte steampunk: Alan Moore estuvo a punto de nombrarla líder de "The League of Extraordinary Gentlemen" antes de pensar en Mina, mientras que Kim Newman la incluyó en su inteligente (per)versión de "Un escándalo en Bohemia" (titulada A Shambles in Belgravia) y en su relato "Angels of Music" (en la que el Fantasma de la Ópera adoptaba el rol de Charlie). Si a todo eso le sumamos unas cuantas apariciones estelares en el universo de "Detective Conan" (en la foto) o incluso en los cómics de DC (algo relacionado con Eclipso), no nos quedará más remedio que rendirnos ante lo elemental: Irene Adler no está, de ningún modo, tan muerta como el Canon nos quiso hacer creer. De hecho, una de sus últimas apariciones ha sido en la notable antología "Sombras sobre Baker Street", publicada en España por La Factoría de Ideas: dirigíos hacia el segundo relato, "¡Un tigre, un tigre!" (de Elizabeth Bear), para descubrir exactamente a qué se enfrentó Irene Adler antes de conocer a Holmes. Después, aseguráos de leer la primera historia corta, el Estudio en esmeralda (¡cuidado, pdf!) de Neil Gaiman: tan buena que tendrían que inventar un adjetivo para describirla.

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